Dinastías: herencia del poder maya
El poder de una ciudad maya pasaba de generación en generación en línea directa de padre a hijo. Este gobierno dinástico garantizaba el poder al linaje de la familia noble.
La herencia de poder tenía prioridad para los varones mayores: el primogénito. La herencia de poder no se limitaba a los varones pues varias mujeres ocuparon el trono según fue necesario (en ausencia de varones) para así evitar la extinción de la líena de poder.
Realeza: seres de caracter noble y sagrado
Social y psicológicamente tenía una doble función muy natural: la familia real tenía garantizada su comodidad, seguridad y poder de generación en generación. Por otro lado se reforzaba la idea de que tales seres eran de caracter sagrado, único, y por ende era inconcebible que el poder fuese ostendado por otras clases sociales de la ciudad maya en cuestión.
La línea de poder era solamente interrumpida cuando la ciudad era invadida o conquistada. Esto implicaba la captura de los gobernantes para ser humillados y sometidos. Con frecuencia al final eran sacrificados.
Según vestigios históricos, la institución del sistema dinástico fue adoptada (o más bien impuesta) a partir de la llegada de "Nace el Fuego", visitante de Teotihuacán. Los mayas tuvieron gran influencia de esta cultura que residió en territorio hoy mexicano, y tal encuentro implicó la interrupción del poder original de las ciudades mayas de Guatemala para la implantación de una nueva dinastía.
Nombres que evocaban poder y grandeza
Algunas ciudades (incluyendo Tikal) muestran a gobernantes que al heredar el poder (tomarlo o conquistarlo) no lo tomaban con su nombre original sino con el nombre de algún antepasado, de esta manera evocando la grandeza de la línea de poder: el linaje original. Tal como en otras culturas, puede simbolizar un intento de devolver al pueblo la confianza de retornar a la solidez y seguridad que antes conocieron en otro tiempo (bajo el gobierno de otro rey).